Día Mundial de leer a Tolkien: la amistad en las obras del profesor

Como muchos ya sabréis, el próximo miércoles, 25 de marzo, se celebra el Día Mundial de leer a Tolkien (Tolkien Reading Day), una fiesta que pretende recordar y difundir la obra del profesor y que fue instaurada hace ya doce años, desde que The Tolkien Society se hizo eco de una pregunta lanzada por Sean Kirst en su columna del diario The Post-Standard (Syracuse, Nueva York): ¿existía un día dedicado a J.R.R. Tolkien, como ocurría con otros grandes escritores? No, no existía, pero pronto se le puso solución.

Desde entonces, cada 25 de marzo, los fans de la obra de Tolkien se reúnen y organizan eventos a lo largo y ancho del mundo, o simplemente se recogen en sus hogares para disfrutar en la intimidad de alguno de sus muchos pasajes memorables. Aquí en Zaragoza tenemos la suerte de contar con el Smial de Khazad-Dûm, uno de los Smials más activos, que cada año organiza charlas y debates en torno a Tolkien y sus libros.

Pero, ¿por qué el 25 de marzo? ¿Por qué no el 3 de enero, día de su nacimiento, o el 2 de septiembre, día de su muerte? Probablemente sólo los tolkiendili pueden deducirlo: el 25 de marzo es el día en el que el Anillo Único fue destruido y Sauron vencido (y es, además, el Año Nuevo gondoriano). Una fecha importante en el calendario de Arda, vaya.

Puesto que la obra de Tolkien es vasta en extensión y profundidad, The Tolkien Society decidió que cada Tolkien Reading Day estaría dedicado a un tema concreto, y el de este 2015 es ni más ni menos que la amistad.

Estupenda elección, en mi opinión, que da de sí para mucho más que un día. Estoy convencida de que incluso quienes sin haber leído los libros hayan visto las películas de Peter Jackson, y aun quienes tan sólo hayan oído hablar de Tolkien y El Señor de los Anillos, han podido percibir la trascendencia de la amistad en sus historias.

En su vida privada, el propio Tolkien dio una enorme importancia a la amistad, al afecto y a la lealtad, y mucho se ha dicho y escrito sobre su relación con C.S. Lewis y los demás miembros de los Inklings. Sin embargo, este post quiero dedicarlo exclusivamente a la amistad en sus obras.

Son muchas y muy variadas las relaciones de amistad que encontramos a lo largo de la historia de la Tierra Media, pero a mí me gustaría destacar hoy tres por encima de todas.

 

FRODO Y SAM

Me hace feliz que estés aquí conmigo. Aquí, al final de todas las cosas, Sam.

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Por supuesto. La amistad de amistades, la lealtad de lealtades, la demostración última de que con un verdadero amigo al lado lo que parece imposible deja de serlo. Sin Sam, Frodo no hubiera destruido el Anillo; sin Frodo, Sam nunca hubiera abandonado La Comarca (ni visto Elfos).

Todos nos hemos reído (yo al menos lo he hecho) con los miles de chistes, memes y doblajes que circulan sobre su relación. Tolkien y Lewis sufrieron algo parecido en su momento, y aprovecho para citar una frase del creador de Narnia que viene muy al caso: “En nuestra época ha llegado a ser necesario rechazar la teoría de que todas las amistades serias y firmes son en realidad homosexuales” (C.S. Lewis, The Four Loves).

Es fácil tergiversar y convertir en parodia la relación entre Frodo y Sam, pero aunque nos riamos no debemos olvidar que es una de las amistades más hermosas, profundas y puras de la historia de la literatura.

Vayamos por partes. Frodo Bolsón, de Bolsón Cerrado, es un Hobbit de ilustre ascendencia y solvente posición económica, heredero de Bilbo, el más aventurero de los Medianos. Samsagaz Gamyi es de familia humilde, jardinero de Frodo y por tanto su siervo, regordete, comodón y, como buen Hobbit, prudente. La suya es, por tanto y desde el principio, una amistad especial, pues pertenecen a estratos sociales diferentes y muchas veces antagónicos. Pero esa relación no hubiera pasado de mera peculiaridad de no ser por todo lo que han de enfrentar juntos y, especialmente, por los heroicos actos de Sam y la lealtad que una y otra vez demuestra hacia Frodo.

Cuando Frodo salva la vida de Sam en Parth Galen, sacándolo de las aguas que amenazan con ahogarlo, en realidad está salvándose la vida a sí mismo, pues sin Sam nunca hubiera sobrevivido a Ella-Laraña ni a la torre de Cirith Ungol, ni hubiera llegado a la Grieta del Destino para destruir el Anillo. Hasta tal punto alcanzan la lealtad y el cariño de Sam hacia Frodo, que es el único Portador del Anillo capaz de desprenderse de él por voluntad propia. Porque entiende que, a pesar de que el poder del Anillo está acabando con Frodo, es Frodo y no él quien tiene la misión de destruirlo. Es decir, renuncia voluntariamente al Único y a la vida de su mejor amigo. Casi nada.

Podría decirse mucho más sobre esa amistad, pero puesto que todavía tengo que hablar de otras dos simplemente añadiré un comentario del propio Tolkien: “Mi ‘Sam Gamyi’ es en realidad un reflejo del soldado inglés, de los asistentes y soldados rasos que conocí en la guerra de 1914 y que me parecieron muy superiores a mí mismo” (H.Carpenter, J.R.R. Tolkien, una biografía).

 

LEGOLAS Y GIMLI

Entonces Legolas construyó un navío gris en Ithilien y navegó por el Anduin abajo hasta el Mar; y con él, según se dice, iba Gimli el Enano.

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La amistad a pesar de razas, culturas y prejuicios.

Todo el mundo sabe que Elfos y Enanos no se llevan bien, que a lo largo de la historia de la Tierra Media sus caracteres, sus intereses y sus ambiciones han chocado una y otra vez. Si un Elfo y un Enano se encuentran, automáticamente desconfiarán el uno del otro, y así les ocurre a Legolas y Gimli.

Pero, obligados como miembros de la Comunidad del Anillo a compartir camino y aventuras, y unidos contra un Enemigo al que detestan mucho más de lo que se detestan entre sí, esa enconada rivalidad acabará convirtiéndose en una amistad capaz de superar toda diferencia.

Siempre continuarán compitiendo, pero lo harán como amigos. Legolas será mejor arquero al lado de Gimli, y Gimli mejor guerrero al lado de Legolas. En la batalla, se buscarán y se cubrirán el uno al otro; en los momentos de solaz, compartirán bromas y temores.

Su amistad se forja ‘en las trincheras’, pero no desaparece con los tiempos de paz. Disfrutarán tanto de su mutua compañía, aquélla que al principio no podían soportar, que juntos recorrerán la Tierra Media y juntos la abandonarán al fin rumbo al Oeste, convirtiéndose en el último Elfo y el primer Enano en llegar a Valinor.

 

TÚRIN Y BELEG

Así fue el fin de Beleg Arcofirme, el más fiel de los amigos, el más hábil de todos cuantos se cobijaron en los bosques de Beleriand en los Días Antiguos; por mano de quien más quería. Y ese dolor se grabó en el rostro de Túrin y nunca se borró de él.

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El infortunio. La amistad sometida al destino.

Si aún queda alguien capaz de pensar que en las obras de Tolkien los héroes siempre ganan y todo acaba en final feliz, que lea la historia de Túrin Turambar.

Beleg Cúthalion es el Elfo que encontró a Túrin hijo de Húrin en Doriath y lo condujo ante el rey Thingol. Fue su tutor en las armas y la caza cuando Túrin era todavía un niño, y su más fiel compañero en las luchas contra los Orcos de Morgoth en las fronteras septentrionales; fue Beleg quien marchó en su búsqueda cuando Túrin fue exiliado, y quien combatió a su lado en Amon Rûdh tras la traición de Mîm el Enano.

Túrin amaba a Beleg como a un hermano, sus consejos eran los únicos que se permitía escuchar y sus reproches los únicos que toleraba. Probablemente la historia de Túrin hubiera sido muy distinta, mucho más feliz, si Beleg hubiera vivido.

Pero Túrin portaba consigo la maldición que Morgoth había impuesto a Húrin: “Y a todos los que tú ames, mi pensamiento los cubrirá como una nube fatídica, y los envolverá en oscuridad y desesperanza (…). Todo lo que hagan se volverá contra ellos. Morirán sin esperanza, maldiciendo a la vez la vida y la muerte”. Beleg rescató a Túrin de las garras de los Orcos que lo torturaban, pero, enajenado, éste lo confundió con un enemigo… y le dio muerte.

¿Qué quiso representar Tolkien con esta tragedia, si es que quiso representar algo? La verdad, no lo sé. Tal vez esas amistades en las que una parte da mucho más que la otra, y acaba dañada y consumida. Pero imagino que la historia de Túrin y Beleg, como todo en las obras del profesor, va mucho más allá.

Los escritos de Tolkien están llenos de viajes, luchas y desafíos, y tan grandes como esas dificultades son las amistades que forjan sus héroes, en las que se apoyan y de las que aprenden.

 

Fuentes:

El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien

Los Hijos de Húrin, J.R.R. Tolkien

Tolkien, hombre y mito, Joseph Pearce

Web de The Tolkien Society (http://www.tolkiensociety.org/)

 

Imagen de cabecera:

The Land of Shadow

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